Psicóloga clínica; especialista en dotados en el hospital de Marsella. Psicoterapeuta y una de las principales expertas europeas en los problemas que provoca el exceso de inteligencia. En 2003 creó en Francia el primer centro de diagnóstico y tratamiento de los problemas de aprendizaje escolar (Cogito’Z, en Aviñón), y posteriormente abrió otros centros en París y Marsella. En todos ellos trata también los problemas de los adultos superdotados.

En el Congreso   Internacional  Altas  Capacidades  y  Superdotación el día 24 de junio de 2017 :

¡MÍRAME Y COMPRÉNDEME!, (Identificación y atención temprana de las altas capacidades y superdotación). Congreso Organizado por la Asociación Enol, su ponencia trato sobre:

“Construire une image de soi solide quand on est surdoué: les clefs pour vivre heureux!“

« (construir una imagen fuerte de sí mismo cuando uno es superdotado; las llaves para vivir feliz !) ».

Los superdotados ven el mundo con mucha intensidad es una manera de estar en el mundo. De hecho, así se denomina a lo que les ocurre: Síndrome de intensidad. Son personas demasiado intensas.

Se caracterizan por: hiperestesia, reactividad emocional y la empatía, asi sienten:

  • Un toque es un golpe,
  • Un sonido es un ruido,
  • Una desgracia es una tragedia,
  • Una alegría es un éxtasis
  • Un amigo es un amante,
  • Un amante es un dios,
  • Y el fracaso es la muerte.

Compara a los superdotados con las cebras:

“Seguiré prefiriendo «cebra», como el término que he escogido para referirme a estas personas, para desvincularlo así de denominaciones cargantes. La cebra, ese animal diferente, ese équido que el humano no ha sido capaz de domesticar, que en la sabana se distingue claramente de los demás gracias a sus rayas que le permiten camuflarse, que necesita a los demás para vivir y cuida muy celosamente de sus crías, que es a la vez tan diferente y tan parecida a sus congéneres… Además, al igual que ocurre con nuestras huellas dactilares, las rayas de las cebras son únicas y les permiten reconocerse entre sí. Cada cebra es diferente de las demás. Yo seguiré diciendo y repitiendo que estas «extrañas cebras» necesitan toda nuestra atención para vivir en armonía en este mundo tan exigente. Seguiré defendiendo a todas esas personas «rayadas» como si sus rayas evocasen también los zarpazos que puede depararles la vida. Seguiré explicándoles que sus rayas son también formidables particularidades que pueden salvarlas de numerosas trampas y peligros. Que son magníficas y que pueden estar orgullosas de ello. Serenamente.”