El daño que les hacemos a las personas  de altas capacidades ignorando sus circunstancias es mucho mayor que el daño que podríamos hacerles etiquetándolas. Sin una etiqueta que reconozca y explique sus diferencias,  generarán las suyas propias “debo estar loco/a, nadie salvo yo se siente triste por esta injusticia”.

Linda Silverman

Identificar la sobredotación en una persona no es tarea fácil, ya que  hay muchos mitos, mucha ignorancia y mucha información contradictoria. Así, por ejemplo, debido a los modelos e imágenes recibidos a través de los medios de comunicación, como las películas “El pequeño Tate” o “El indomable Will Hunting” que representan a individuos con un CI muy alto, muchos padres pueden pensar que su hijo no es superdotado, porque no toca el piano a los 4 años, o no sabe hacer integrales de primer grado.

Debemos pensar que el concepto de superdotación es mucho más amplio,  no solamente abarca a los genios, ya que se dan muchos casos como, por ejemplo, Bill Gates o  Steve Jobs, cofundadores respectivamente de las empresas de software Microsoft o Apple, que no lograron a terminar los estudios universitarios,  o niños considerados casi delincuentes, eran superdotados no reconocidos. En España hay más de un millón de superdotados y la mayoría no lo saben.

Se considera que es necesaria una identificación, no con el objeto de etiquetar, sino para estar en condiciones idóneas de poder determinar las necesidades que presentan estas personas, y dar respuesta a las mismas, facilitando el máximo desarrollo de sus capacidades, y que crezcan sabiendo porque son distintos y no sintiéndose; raros, o diferentes, o que estan locos, o que no encajan…