Identificación – Dra. Jeanne Siaud-Facchin

Jeanne Siaud-Facchin dice lo ideal sería que un superdotado fuera diagnosticado en la niñez, porque demasiado a menudo estas personas cuando no saben su condición resultan ser unos fracasados en la vida», remarca. ¿Cómo se llega hasta esa conclusión? Sobre todo, cómo se llega cuando no has sido diagnosticado de joven, y el primer efecto de este tipo de inteligencia es dudar de… la propia inteligencia,  Según esta psicoterapeuta, creadora en Francia del primer centro de diagnóstico y tratamiento de problemas de aprendizaje escolar (Cogito’Z, en Avignón), estos serían los pasos que llevan a detectarlo en la edad adulta:

Verte reflejado en tus propios hijos. Sucede a menudo. 

Es lo más probable que ocurra, apunta Siaud-Facchin. «Cuando un superdotado/a tiene hijos/as, empieza a darse cuenta de determinadas cosas», asegura esta psicoterapeuta. Pero… ¿Cómo?

  1. A través de la observación de lo que vive su hijo/a, de su manera de abordar ciertos acontecimientos, de las dificultades con que se puede topar. «Entonces el progenitor tiene a veces una sensación de déjà vu, de algo ya experimentado».
  2. La descripción del comportamiento cuando se interpretan los resultados de la evaluación psicológica. «Suele ser muy espectacular. Se habla del niño y de repente el padre o la madre se sienten directamente afectados, conmovidos y estremecidos por su comprensión de lo que están escuchando. Tienen la curiosa impresión de pensar que están hablando de ellos. Tímidamente preguntarán si es “hereditario”»

Te das cuenta cuando lo ves en los otros. Sucede a veces.

—Te enteras de que a un niño de tu entorno le han diagnosticado como superdotado, y el efecto espejo funciona. «Empiezas a pensar, ¿lo que caracteriza a ese niño, es lo que percibo confusamente en mí?», comenta Siaud-Facchin.

Por tí mismo. Sucede rara vez.

¿Cómo imaginarse semejante cosa? La humildad, la duda y el poner las cosas en tela de juicio suelen ser los automatismos del pensamiento del superdotado. «En un momento dado hará ciertas preguntas, interrogará acerca de ciertos episodios de su vida a quienes le conocieron de pequeño, y en ocasiones pedirá consejo a los profesionales… y sentirá vergüenza de su audacia. Aunque en lo más profundo de su ser una vocecita le diga, ¿por qué no?», relata esta experta.

Herramientas para evaluarlo

Una evaluación de este tipo es un conjunto de pruebas que tienen como objetivo la comprensión global de la persona, pero para que sea completo y fiable debe constar de dos partes, según Siaud-Facchin: Una evaluación intelectual, que permite aproximarse a la inteligencia y a los recursos cognitivos disponibles, y una exploración de la personalidad, para comprender la organización afectiva y apreciar el equilibrio psicológico de esa persona. «La una no funciona sin la otra», remarca.

  1. Test para la inteligencia y el funcionamiento intelectual: 

El WAIS (Wechsler Adult Intelligence Scale). Otras pruebas, como las matrices de Cattel, la figura de Rey o el D48, enriquecen la comprensión del funcionamiento intelectual según los objetivos que persiga la evaluación. «Hacer los test que encontramos en internet es una manera lúdica de poner a prueba nuestras capacidades en determinados campos. Permiten hacerse una idea de lo que uno es capaz de conseguir, resolver y comprender, pero son solo como el esbozo de un retrato sin terminar. Son una manera de comprobar la inteligencia, pero los resultados, indicativos, no pueden confundirse nunca con un diagnóstico», advierte esta psicóloga. «La nota que se saque en los numerosos test que existen no es el diagnóstico, solo el indicio de la pista», insiste. 

  1. Test para el análisis de la personalidad.

Están los test denominados proyectivos (se proyecta una parte de la personalidad a través de las imágenes propuestas), y sobre todo el Rorschach, el famoso test de las manchas de tinta. «Este test fue utilizado durante mucho tiempo de un modo distinto al originalmente previsto, pero el Rorschach correctamente utilizado es una formidable “fotografía” del funcionamiento psicoafectivo y de eventuales fragilidades psicológicas», explica esta psicóloga. «También está el test Z, desarrollado por Zulliger, una versión más corta pero construida y analizable siguiendo los mismos criterios e igual de rica en interpretaciones», añade.

Jeanne Siaud-Facchin empezó a investigar sobre superdotados después de detectar que a su centro de Avignon para adolescentes con dificultades escolares llegaban numerosos chavales con malas notas y grandes problemas psicológicos, pero con un coeficiente intelectual altísimo. Esto le llevó a especializarse en el tema, y a escribir varios libros al respecto. Aquí explica qué hacer cuando hay un superdotado en casa.

Nos comenta que para identificarlos:

A los muy bebés ya se les notará porque tienen una mirada escrutadora, no mira el mundo, lo perfora con la mirada. Se interesan por todo, parece que «entienden» o que lo están grabando en su memoria. Luego viene la época de las mil y una preguntas, preguntas complicadas, sin interrupción… Y muchas veces, las palabras o la lectura precoz. Pero antes de los seis años no se puede diagnosticar a un superdotado. Hasta entonces es una suposición. Los test existen, pero no son fiables antes de esa fecha. Pueden dar pistas… Hacia los seis, como digo, todo se estabiliza. Y a partir de ahí, se tiene el mismo coeficiente de inteligencia a los 6, que a los 30, los 40 o los 50. Un superdotado va a ser siempre un superdotado.

Hay que explícaselo al niño  pero con terminología infantil. Al fin y al cabo, aunque sea superdotado, es un niño. En esa conversación también es importante decirle que esta condición no supone ser necesariamente mejor. Y fomentarle que tenga una buena imagen de sí mismo, confianza…

Los padres deben de  tener cuidado de no esperar más de lo que ese niño puede dar. Si se le trata bien un niño superdotado puede conseguir grandes cosas, pero tampoco es obligatorio. Muchas veces los padres reprochan a este tipo de niños no utilizar bien su inteligencia. Y esto es nefasto para el niño. Con estos pequeños se debe trabajar sobre todo la gratificación, el «lo haces bien, sigue por ese camino». Hay que tener en cuenta que son hipersensibles, por lo que nunca serán unos pequeños con un ego muy fuerte. Como dudan mucho de sí mismos, hay que reforzarles más. Esto va en contra de la intuición. Como ya son superdotados, podemos pensar que no necesitan apoyo, pero es justamente lo contrario. Educar, enseñar y acompañar a un niño superdotado todos los días es muy enriquecedor, pero requiere un esfuerzo constante.

Hay que explicar al centro que nuestro hijo tiene ciertas particularidades, y que quizá debería saltar algún curso, pero no para ir más rápido, sino para ajustar su nivel de inteligencia a la complejidad de los aprendizajes propuestos por la escuela. De otra forma corremos el riesgo de que estos niños se aburran, y empiecen a presentar problemas de actitud, a ser movidos… o a todo lo contrario, a inhibirse y a desinteresarse por todo.